Manifiesto Invencionista

(…) El arte representativo tiende a amortiguar la energía cognoscitiva del hombre, a distraerle de su propia fuerza.

La materia prima del arte representativo ha sido siempre la ilusión.

Ilusión de espacio. Ilusión de expresión. Ilusión de realidad. Ilusión de movimiento.

Formidable espejismo, del cual el hombre ha vuelto siempre defraudado, debilitado. En cambio, el arte concreto exalta la vida, porque la practica. El arte de acción genera voluntad de acción.

Que un poema o una pintura no sirvan para justificar una renuncia a la acción, sino que, al contrario, contribuyan a situar al hombre en el mundo. Los artistas concretos, no estamos por encima de ninguna contienda. Estamos implicados en todas las contiendas. Y en primera línea.

Basta con el arte como soporte de la diferencia. Por un arte que sirva, desde su esfera propia, para la nueva comunión que se yergue en el mundo. Practicamos la técnica alegre. Sólo las técnicas agotadas se nutren de la tristeza, del resentimiento y de la confidencia.

Por el júbilo inventivo. Contra la nefasta polilla existencialista o romántica. Contra los subpoetas de la pequeña llaga y del pequeño drama íntimo. Contra todo arte de élites. Por un arte colectivo. (…)

[Tomás Maldonado, “Arte concreto – Invención”, 1 de agosto de 1946] Fragmento.

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