Embriáguense

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:

“¡Es hora de embriagarse!”

Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriáguense, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.

(“Embriáguense” – Charles Baudelaire)

Sujetos a Objetos

Uno cree que un objeto es algo que podes tener en la mano. Es algo que podes tocar, mirar, y hacer cosas con él.

Un objeto no es electrónico, no es mecánico, es inanimado, y aun así es algo significativo.

Los mejores objetos cuentan una historia. Inmediatamente pensas en un momento de la historia, una época específica, una persona en particular.

Un objeto es icónico, coleccionable, portátil, y cambia al mundo.

Los grandes objetos revelan secretos, empiezan revoluciones, ganan guerras, y resuelven grandes misterios como el universo mismo.