¿Cómo se explica lo que fue Heurística? 2

Durante su exilio en Bruselas, el director teatral Enri­que Argenti consiguió instalarse en un viejo salón que tenía dos entradas opuestas que daban a calles diferentes. Gracias a vaya a saber qué influencias, logró que unos empresarios convirtieran el salón en dos teatros. El Te­rencio, sobre el Boulevard Anspach, y el Plauto Palace, sobre la Rue Neuve.
Hay que decir que ninguno de los dos tenía escenario. Las butacas ocupaban casi toda la superficie disponible. Las del Plauto Palace miraban al canal. Las del Terencio, en di­rección contraria, apuntaban al viejo Téathre Flamand. Un lujoso telón separaba ambas plateas.
Argenti concibió para estas dos salas una experiencia in­novadora o, mejor dicho, dos: Arde Bruselas en el Plauto Palace y Las perplejidades de Don Juan en el Terencio. Las funcio­nes empezaban a la misma hora. Al levantarse el telón, los espectadores del Terencio veían ante sí a los del Plauto y los tomaban por actores. El fenómeno inverso se verificaba en la otra sala. Así permanecían, esperando cada grupo que el otro diera comienzo a la acción. En algún momento, un es­pectador impaciente se ponía de pie e insultaba a los del otro teatro, que era para él el escenario. Estos, por su parte, creían que este insulto era un parlamento actoral.
Cada función era diferente. Algunas consistían sólo en un largo silencio expectante. Otras incluían incendio de butacas, agresión a los acomodadores y desmayo de viejas.
Cuando le parecía oportuno, el director bajaba el telón y concluían los espectáculos. Algunas veces -casi nunca, en realidad- había aplausos de un lado y del otro. Más inquie­tantes eran las noches donde un sector aplaudía y el otro abucheaba.
La idea de Argenti puede producir varias colecciones de entusiasmos. El conflicto es la duda. Aquí hay creencias que pueden ser verdaderas y falsas al mismo tiempo. Cada espec­tador es también actor, la platea es el escenario, lo real es también ficción. El crítico severo del Plauto es actor medio­cre para el del Terencio.
Argenti nunca pagó el alquiler. Los propietarios le gana­ron un juicio de desalojo y lo sacaron a patadas en el culo, en plena función, ante la ovación de las dos plateas.

[“Dos plateas”, por Alejandro Dolina]

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